Descubre la nueva aventura de Los Futbolísimos:
"El misterio de la máscara de oro"
Todos los viernes un nuevo capítulo de la mano de Kimitec y la Fundación Maavi, ¡solo en as.com!

¡Dale, Pakete!

¡Vamos, tú puedes!

–¡Que no se diga!

El balón vuela directo hacia mí.

Tengo que alcanzarlo antes de que toque el suelo.

Me subo a la barandilla.

Estoy a punto de perder el equilibrio.

Salto con todas mis fuerzas.

Y sin dejar que el balón toque el suelo…

Le pego un tremendo patadón con el empeine de la bota derecha.

¡Lo he conseguido!

¡Volea casi perfecta!

Pero…

Pero…

Del impulso, me resbalo.

¡Y caigo al canal!

¡Splashhhhhhhhhhhhhh!

Me hundo en el agua y abro los ojos.

Durante unos pocos segundos, permanezco allí abajo.

Veo los cascos de las barcas moverse a mi alrededor.

Nado hasta la superficie y asomo la cabeza.

Tomo aire.

He tragado un poco de agua.

Y tengo frío.

Pero lo importante es que el balón vuela hacia la otra góndola.

Ah, sí, se me había olvidado decirlo: Estoy en Venecia, la ciudad de los canales.

He venido con mis compañeros a participar en el CEFI: El Campeonato de Europa de Fútbol Infantil.

También conocido como el Child Soccer European Championship.

O más familiarmente como Il Bambinísimo.

Se celebra durante los famosos carnavales de Venecia.

Esta tarde iremos a la inauguración del campeonato. 

Por lo visto será una fiesta de disfraces increíble.

Asistirán los mejores equipos de todo el continente: la Juventus, el París Saint Germain, el Manchester, el Bayern de Múnich…

¡Y el Soto Alto Fútbol Club!

Por algo somos los actuales campeones de España.

En Venecia vamos a intentar el más difícil todavía: ganar el campeonato de Europa.

Pero eso será más tarde.

Ahora estamos jugando un partido de fútbol–góndola.

Es una modalidad que se ha inventado mi amigo Camuñas, el portero del equipo. 

Las reglas son muy sencillas:

Cada equipo se sube en una góndola.

Hay que golpear el balón de una embarcación a otra.

El equipo que tira la pelota al agua, pierde.

El equipo que no es capaz de devolver la pelota, también pierde.

No se pueden usar las manos.

Y solo se puede dar un toque cada vez.

Patadón y buena puntería.

En mi góndola, además de Camuñas, están:

Ocho, el eterno suplente, que es el más bajito del equipo.

Y Helena con hache, la mejor jugadora del Soto Alto.

Helena tiene los ojos más grandes que he visto en mi vida. 

Algunos que van de listos dicen que me gusta Helena, lo cual es totalmente absurdo porque a mí no me gusta ninguna chica del mundo.

Camuñas me da la mano y me ayuda a subir a la barca.

Estoy empapado de la cabeza a los pies.

–Bien hecho –me dice Helena.

–Gracias –respondo, un poco nervioso.

Me sacudo el agua como un gato y miro a nuestros rivales, que se preparan para golpear el balón.

–Espabila, Pakete –me dice Camuñas, alejándose al otro extremo de la barca.

Mi nombre es Francisco García Casas. 

Algunos me llaman Paco.

Pero casi todos me llaman Pakete desde que fallé cinco penaltis seguidos.

–¡Cuidado, que ya vienen! –avisa Ocho, muy atento.

Observo la góndola rival.

A bordo están:

Toni, el máximo goleador del equipo.

Anita, la portera suplente.

Tomeo, el defensa central.

Angustias, el lateral derecho.

Y Marilyn, la capitana, lateral izquierda y la más rápida de toda la Liga.

El balón rebota en el suelo de su barca.

Todos corren detrás, parece que no van a llegar.

Pero la propia Marilyn da tres zancadas y le pega un tremendo puntapié al balón.

Sale disparado como un misil.

Directo hacia nosotros.

Intentamos remar para que la pelota caiga al agua.

Imposible.

La góndola va muy lenta.

Por si alguien no ha subido nunca, solo una advertencia:

Las góndolas son muy bonitas, pero también son muy lentas.

Y muy inestables.

Todo el tiempo te da la sensación de que te vas a caer.

No se inventaron para jugar al fútbol, eso seguro.

Unos japoneses nos señalan desde la terraza de un hotel y nos hacen un millón de fotos, como si fuésemos una atracción turística.

No esperaban encontrarse a un equipo de fútbol infantil jugando en mitad del canal.

Helena da un paso adelante y dice:

–Esta me toca a mí.

Se pone en pie sobre la barandilla de la góndola, esperando la llegada del balón.

Está preparada.

Ya casi tiene encima el balón.

Se coloca en posición.

Sin embargo, ha calculado mal.

¡La pelota pasa justo por encima de ella!

No hay tiempo para rectificar.

Estamos perdidos.

Entonces Helena salta de espaldas y en el último segundo… ¡remata de chilena!

Lo voy a repetir por si alguien no lo ha entendido:

¡Helena con hache remata de chilena desde una góndola!

–¡Tomaaaaaaaaaaaaa! –exclama Camuñas.

El balón hace una parábola perfecta.

Atraviesa un enorme cartel de Il Bambinísimo que cuelga de un puente, rasgándolo por el medio.

Y desciende hacia la otra góndola.

Marilyn y el resto observan con la boca abierta el cartel destrozado.

¡Helena también ha caído al canal!

Chapotea en el agua y sonríe.

–¿No me ayudas? –me pregunta.

–Claro, claro –respondo.

Le doy la mano y tiro de ella con fuerza.

Consigo ayudarla a subir.

Nos quedamos los dos tirados en la góndola, agotados, chorreando agua.

–Me encanta el fútbol–góndola –dice Helena.

–Creo que a mí también –digo.

–Ya os vale –interviene Ocho–. Dejad de hacer manitas y prestad atención, que ya vuelven.

Avergonzado, me incorporo y suelto la mano de Helena. 

No me había dado cuenta de que aún seguíamos agarrados.

Desde la otra góndola, Toni está listo para golpear el balón.

–Ten cuidado, por favor –le pide Angustias–. No quiero caerme al agua, me puede dar un corte de digestión.

Angustias siempre está angustiado, por cualquier motivo.

En ese preciso instante, se oyen gritos.

–Fuori! Fuori!

Desde un barco mucho más grande les hacen gestos para que se aparten.

Demasiado tarde.

El barco… 

¡Choca contra su góndola!

¡¡¡CATACROCK!!!

El capitán del barco se asoma y grita fuera de sí:

I bambini non possono andare da soli in gondola!

–Dice que los niños no podemos ir solos en góndola –traduce Anita.

–Ya, ya –murmura Toni, que sigue con la mirada fija en el balón.

Banditi! Mascalzoni! –grita el capitán.

–Eso no sé exactamente lo que significa –dice Anita–, pero me lo puedo imaginar.

Toni se olvida de los gritos y de todo lo demás, salta y…

¡Empalma el balón con la pierna izquierda!

Es un trallazo espectacular.

La pelota vuela, sube por encima de otro puente y allí arriba…

¡Dos manos la atrapan!

¿¡Eeeeeeeeeeeeeh!?

–¿Os parece normal jugar al fútbol en mitad de estos canales tan bonitos? 

La que ha cogido el balón y nos mira muy enfadada es mi madre.

Ha viajado a Venecia con nosotros como delegada del AMPA.

–Perdona, Juana –se excusa Marilyn–, es que estábamos entrenando.

–¡No digas majaderías! –replica mi madre–. ¡Estáis haciendo el gamberro!

–Eso también –reconoce Tomeo y saca una chocolatina de la mochila–. Con tantas emociones, me está bajando el azúcar, me lo noto.

Mi madre menea la cabeza desesperada, no puede creerse que hayamos liado ese escándalo allí en medio:

El golpetazo con el otro barco.

El cartelón del puente roto por el medio.

Y nosotros solos en dos góndolas.

–¿Os habéis gastado la paga que teníais asignada para gastos personales en este disparate? –pregunta indignada. 

–Creo que sí –reconozco.

A su lado, aparecen los dos gondolieri que nos han alquilado las barcas. 

Uno de ellos se lleva las manos a la cabeza al ver el estropicio y grita desesperado:

–Questa è la mia rovina! ¡La ruina!

Nos han pillado.

No sirve de nada negarlo.

Mi madre nos señala y exclama muy seria:

–¡Preparaos para el castigo: va a ser de los que hacen época!

EL DESTINO DE LOS FUTBOLÍSIMOS ESTÁ EN TUS MANOS. Y esta ha sido la respuesta más elegida por los lectores:

La madre les castiga sin fiesta de disfraces y los Futbolísimos la lían en el hotel.
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