Descubre la nueva aventura de Los Futbolísimos:
"El misterio de la máscara de oro"
Todos los viernes un nuevo capítulo de la mano de Kimitec y la Fundación Maavi, ¡solo en as.com!

-¿¡Que qué pasa!? -preguntó mi madre, fuera de sí.

Camuñas y Tomeo salieron de la cama de un brinco y se acercaron a la puerta del dormitorio.

Los tres observamos a mi madre con el corazón en un puño.

-Pues lo que pasa -dijo ella-, es que este viaje está gafado, primero el apagón, luego el naufragio y ahora… ahora… ¡Helena ha desaparecido!

-¿¡Qué!? -exclamé.

-¿Cómo que ha desaparecido? -preguntó Camuñas.

-¿La han secuestrado? -dijo Tomeo, asustado.

-No se sabe, no hay datos concretos todavía -respondió mi madre-. Lo único seguro es que no está en su habitación y que nadie en el hotel la ha visto.

-Pero Anita y Marilyn dormían con ella -dije.

-Cuando se acostaron las tres, se encontraba perfectamente -explicó mi madre-. Pero al despertarse hoy, la cama de Helena estaba vacía.

-A lo mejor se ha ido a… o sea a… -improvisó Tomeo-, a… ¿a darse un baño a la playa?

-Pero si venimos de un naufragio -replicó mi madre-, y estamos en una isla desconocida, ¿cómo se va a marchar ella sola a la playa?

-Puede que esté en el rodaje -dije yo.

-Es verdad, es muy fan de la saga de la Isla Roja -apuntó Camuñas.

-Es lo primero que hemos pensado -contestó mi madre-. Pero ya hemos hablado con el ayudante de dirección y no está en el rodaje. ¡Ha desaparecido!

-¿Y ahora qué hacemos? -pregunté.

-Por de pronto, la policía ya la está buscando -aseguró mi madre-. Lo importante es que permanezcamos todos juntos. Hala, vestíos. Yo también me voy a poner algo, que he preguntado en la recepción y no tienen ni un triste albornoz.

-¿Desayunar podemos? -preguntó Tomeo.

-Yo qué sé, ahora veremos -dijo mi madre, alejándose-. Para desayunos estamos…

-El desayuno es la comida más importante del día -aseguró Tomeo.

Nos pusimos ropa deportiva que nos habían dejado en la habitación y bajamos al salón del hotel.

Allí estaba la delegación de Soto Alto al completo.

Nuestros entrenadores hablaban con Roberta Ambrossi.

-Como directora de Il Bambinísimo -dijo-, les aseguro que vamos a poner todos nuestros medios para encontrar a la niña cuanto antes.

-Pero qué medios -protestó Alicia-. Este campeonato es un desastre, no paran de ocurrir desgracias.

-Son imponderables, cosas totalmente inesperadas -se defendió Roberta-. Nunca nos había ocurrido nada semejante.

-Mujer, no todo ha sido malo -dijo Felipe-. Hemos conocido a Coyote Rodríguez en persona.

Alicia le fulminó con la mirada.

-Perdón, era por decir algo positivo -se disculpó Felipe.

Esteban se acercó a mi madre.

-Ya hemos informado a los padres de Helena en España -dijo el director del colegio-. Están muy preocupados, como es lógico.

-Helena ser fuerte, seguro que estar bien -dijo Radu.

Me acerqué a Marilyn y Anita, que estaban sentadas en una mesa del salón.

-¿Estáis bien? -les pregunté.

-Es rarísimo -respondió Marilyn-. Helena estaba perfectamente cuando nos acostamos. Y no hemos oído nada en toda la noche.

-¿Creéis que alguien ha podido entrar en vuestra habitación mientras dormíais? -dijo Camuñas.

-No digas eso ni en broma, por favor te lo pido -suplicó Angustias, que estaba temblando de los nervios.

-En la isla del volcán ya vivimos un secuestro -dijo Ocho, preocupado.

-No tiene ninguna lógica -dijo Anita, meneando la cabeza-. Acabamos de llegar a esta isla, ¿quién va a querer secuestrarla?

Nos quedamos pensativos.

-Hay cosas que no tienen explicación -intervino Tomeo, que había cogido una enorme bandeja de desayuno en el comedor-. Como, por ejemplo, que en un hotel como este no tengan cereales con chocolate, son misterios insondables. Al menos, hay tostadas con crema de chocolate.

Y engulló una tostada de un bocado.

Miré a mis compañeros, alrededor de aquella mesa, preocupados.

Bajé la voz y dije:

-Ahora más que nunca, debemos convocar el pacto de los Futbolísimos.

-La policía ya está buscando a Helena -dijo Toni-. No nos metamos en los asuntos de los mayores como siempre.

-Exacto: como siempre -rebatí-. Os recuerdo que el pacto de los Futbolísimos es para ayudarnos los unos a los otros pase lo que pase.

-Ya, bueno, pero es que el pacto se lo inventó Helena -dijo Ocho-, y ahora no está.

-Precisamente -insistí-. Tenemos que buscarla.

-Yo voto que no -dijo Toni.

-No med enterggo -dijo Tomeo, con la boca llena-. ¿Votas que no a convocar el pacto… o que no a buscar a Helena?

-A las dos cosas -respondió Toni.

-Estoy muy preocupada por Helena, pero yo también voto que no -dijo Marilyn-. Por una vez, seamos sensatos. Además, dicen que la policía va a interrogarnos para ver si podemos ayudar con algún dato.

-Estoy de acuerdo -dijo Anita-. Soy la primera que quiere encontrarla, por eso mismo voto que no hagamos locuras.

-Yo también voto que no -dijo Camuñas-. Lo siento, pero después de haber confesado lo del apagón, no quiero más follones.

-Yo lo que digáis, pero en principio voto que no -dijo Ocho-. No conocemos la isla, ni sabemos dónde buscarla.

-Tras el naufragio, yo estoy muy flojo -dijo Tomeo, untando tres capas de crema de chocolate a otra tostada-. Voto que no.

-Pues anda que yo -dijo Angustias, respirando hondo-. Conmigo no contéis. Bastante que no me he desmayado.

-Qué decepción tan grande -dije, poniéndome en pie-. Si Helena estuviera aquí… votaría que sí.

-Eso no tiene sentido -dijo Toni-. ¿Cómo va a votar Helena… que busquemos a Helena?

-Si Helena pudiera votar… no tendríamos que votar -dijo Ocho, rascándose la cabeza.

-Solo ponéis excusas -aseguré-. ¡Convoco reunión urgente de los Futbolísimos dentro de cinco minutos… en la piscina del hotel! Si no venís, la buscaré yo solo.

Muy digno, me giré y salí por la puerta que daba al jardín.

Tal vez, esperaba que mis compañeros me siguieran.

Pero ninguno se movió de la mesa.

Caminé hasta la piscina y me quedé allí esperando, sentado en una hamaca.

Les daría cinco minutos como máximo.

Bueno, quizá diez, por si acaso.

Pero ni un segundo más.

Lo había dicho y lo iba a cumplir: Si no venían, me encargaría yo solo.

No pensaba cruzarme de brazos mientras Helena estaba en peligro.

Habíamos pasado juntos muchas cosas.

Y no me refería solo a la cantidad de viajes, misterios y partidos que habíamos compartido.

También pensé en los momentos en los que habíamos estado ella y yo a solas.

Montando en bici.

O nadando en el río que hay cerca de nuestro pueblo.

O…

Me da un poco de vergüenza, pero me vino a la cabeza aquella vez que nos dimos un beso.

Fue visto y no visto.

Y eso no significa que Helena con hache me gustase.

En absoluto.

No me gusta ninguna chica del mundo.

Eso que quede claro.

-¿Sei triste per la tua ragazza… por la tua novia? 

Levanté la vista.

Allí estaba Mic.

-Seguro que tu novia… está bene -dijo.

-Sí, seguro que está bien… -respondí-, pero vamos, que no… o sea, que no es mi novia.

-¿Ah, no? -dijo, sonriendo-. ¡Meglio! ¡Mucho mejor!

Y se sentó en la hamaca a mi lado.

Empecé a ponerme nervioso.

-Ya dije in barco -siguió Mic-. Tú me gustas molto.

Me entraron ganas de tirarme a la piscina de cabeza.

Mic se acercó aún más a mí.

-¿Ti dispiace si te doy un baco… un beso? -me preguntó.

Noté el calor subiendo por mi cuerpo.

Las mejillas me estaban ardiendo.

De un brinco, me puse en pie.

Quería irme de allí.

-Perdona… es que no… o sea que no… -dije tartamudeando-. No es momento… de besos… ahora… con la desaparición de Helena…

¡No sabía ni lo que estaba diciendo!

-Certo, io capisco, lo entiendo -dijo Mic, levantándose también-. Quando Helena si presenta, quando ella aparece… io e tu, tú y yo… nos damos un baco, un beso… 

Estaba completamente rojo.

-Bueno, ya veremos -musité-. Si eso, cuando aparezca ya lo hablamos otra vez…

-Perfetto -dijo ella, con una gran sonrisa.

Qué disparate.

Yo no quería darme un beso con Mic.

Ni con nadie.

¿Y ahora qué?

¿Ya podía irme?

Sentí como si tuviera dos bloques de cemento en los pies.

Incapaz de moverme.

Mic estaba muy cerca de mí, y no dejaba de mirarme.

Yo no me atrevía a irme, por si se lo tomaba a mal.

Entonces, se armó un tremendo revuelo al otro lado de la piscina.

Corriendo entre las hamacas, como si hubiera visto un fantasma, apareció Massimo Ferreti, el gran escultor y artista. 

-Un furto! ¡Un robo! Help! ¡Socorro! -gritó, con el rostro desencajado.

Inmediatamente, fueron llegando más personas, alertadas por sus gritos.

Los miembros de otros equipos, la tripulación, los de seguridad, Luccien, los gemelos Fischer, Dino Rodrigues y muchos otros.

También llegaron mis compañeros y entrenadores.

Todos fueron formando un círculo alrededor de Ferreti, que lloraba y gritaba y gesticulaba moviendo mucho los brazos.

-Hanno rubato la Maschera d´oro! La Maschera d´Oro! -repetía una y otra vez.

-Dice que han robado la Máscara de Oro -me tradujo Mic.

-Ya, ya -contesté.

No me alegré de que la hubieran robado.

Sin embargo, reconozco que me alivió que sucediera algo y que Mic y yo ya no estuviéramos solos en la piscina. 

Por fin pude moverme, como si me hubieran liberado.

Me acerqué a Ferreti para ver qué ocurría exactamente.

-Calmati, caro amico -dijo el capitán Diavolo, llegando a su lado.

-Ho tenutto la Maschera d´oro in cassaforte di la mia stanza  -dijo Ferreti, sollozando-. Ma stamattina non hero ¡Caja fuerte vacía! ¡Ayyyy!

-Han robado la Máscara de Oro en la caja fuerte de su habitación -tradujo Anita.

Un rumor de sorpresa e indignación recorrió la piscina.

-Vaya nochecita -dijo mi madre-. Secuestran a Helena… roban la Máscara de Oro… y encima se les han acabado los albornoces. Este hotel deja mucho que desear. 

-Es la maldición de la Isla Roja -dijo Camuñas.

-¿Hay una maldición? -preguntó Angustias.

-Me lo acabo de inventar, pero suena genial, ¿verdad? -sonrió Camuñas, y lo repitió poniendo voz misteriosa-. La maldición de la Isla Roja. Secuestros. Robos. ¿Qué será lo próximo…? ¿Asesinatos?

-No digas tonterías -le pidió Marilyn.

Se armó un tremendo revuelo alrededor de Ferreti.

El valor de la Máscara de Oro era enorme.

Estaba esculpida en oro macizo.

El trofeo había sobrevivido al naufragio, y ahora la robaban la primera noche en la isla.

-El principal sospechoso del robo es el secuestrador de Helena, eso está claro -dijo mi madre.

-Pero si no sabemos quién ha secuestrado a la niña -recordó Esteban-. Ni siquiera sabemos si ha sido un secuestro.

-Yo estoy con Camuñas -dijo Felipe-. Donde hay dos, siempre hay tres… ya veréis cómo sucede algo más.

-¿Te parece que nos han pasado pocas cosas desde que llegamos a Venecia? -le dijo Alicia-. A ti lo que pasa es que te gustan mucho las películas de extraterrestres y zombies… seguro que todo tiene una explicación lógica.

-Si es una banda organizada, los atraparemos -dijo Roberta-. Como directora de Il Bambinísimo…

-Ni siquiera son capaces de organizar un simple campeonato de fútbol -la interrumpió mi madre-. ¿Cómo van a solucionar un secuestro y un robo millonario?

Todos lanzaron sus teorías sobre lo que estaba ocurriendo.

Y también intentaron consolar al pobre Ferreti, que estaba destrozado.

Decía que era su obra maestra, que los criminales que lo hubieran hecho se merecían cadena perpetua como mínimo.

Aquello era un caos tremendo.

Se trataba de un robo histórico.

Me fijé en un grupo de personas que acababan de llegar al recinto de la piscina. Nos observaban atónitos, sin comprender muy bien qué ocurría.

Eran los monjes.

O, mejor dicho, los actores que hacían de monjes.

Venían del campo de fútbol donde los había visto jugar un rato antes.

Traían un balón bajo el brazo.

Detrás de ellos, venía alguien más.

Otro pequeño grupo encabezado por Carine Rodrigues.

A su lado, la directora Coyote Rodríguez.

Y entre medias de ambas…

No podía ser.

Era…

-¡¡¡Helena!!! -exclamé.

Al oír ese nombre, todos dejaron lo que estaban haciendo, y se giraron.

Eché a correr hacia ella.

-¡Helena! -grité-. ¿¡Estás bien!?

-Fenomenal -dijo-. ¡Vamos a continuar Il Bambinísimo aquí mismo, en la isla! ¡Por fin vamos a poder jugar contra el París Saint Germain! ¿¡A que es increíble!?

-¡Todo ha sido idea de esta niña! -exclamó Coyote, y abrazó a Helena-. Es una genia. Es muy… auténtica. ¡Me encanta! 

-La FIFI ha llegado a un acuerdo con la señora Coyote Rodríguez para usar las instalaciones deportivas del hotel y continuar el campeonato -explicó Carine, orgullosa.

-¿Sin pedir nada a cambio? -preguntó Esteban, extrañado.

-Bueno, tendrán derecho a rodar planos de los partidos -explicó Carine-, pero sin interrumpir.

-¡Yo por los niños hago lo que sea! -exclamó Coyote, entusiasmada-. De fútbol no tengo ni idea, pero de personas auténticas sí… y esto que está pasando aquí es muy… ¡auténtico! ¡un naufragio! ¡un campeonato de fútbol a vida o muerte!

-A vida o muerte tampoco, je, je -dijo Carine-. Ante todo, juego limpio.

-No entiendo nada -dijo Alicia-. Helena, ¿tú no estabas secuestrada?

-¿Yo? Qué va -contestó Helena-. Me he levantado temprano porque he visto desde mi habitación el campo de fútbol… y he tenido la idea de seguir el campeonato aquí mismo. ¡A Coyote y a Carine les ha gustado mucho mi propuesta!

-Sí que eres silenciosa, no te hemos oído levantarte -suspiró Marilyn.

-La que has liado, hemos avisado a la policía y a tus padres -dijo Esteban.

-Perdonad si os habéis asustado -se excusó Helena-. Es que estaba tan emocionada que me he ido sin avisar.

-No te preocupes -dijo Alicia-. Lo importante es que estás bien.

-Todo muy bonito, pero la presidenta de Il Bambinísimo soy yo -intervino Roberta Ambrossi-. Sin mi autorización no se puede hacer nada. Los niños están agotados… 

-No podemos desaprovechar esta oportunidad -replicó Carine-. Este campo de fútbol en el hotel es una señal. ¡Aún podemos salvar el campeonato! ¡Y con todo lo que ha pasado, tendrá aún más repercusión!

-No sé yo… -dijo Roberta, desconfiada-. ¿El hotel y las instalaciones son de la señora Rodríguez?

-No, pero lo tenemos alquilado en exclusiva para el rodaje por tres meses -respondió Coyote-. Podéis jugar vuestro campeonato. Yo solo rodaré algunos planos durante los partidos… ¡Es fabuloso y maravilloso y muy auténtico todo! A lo mejor le cambio el título a la serie: LA ISLA ROJA. EXTRATERRESTRES CONTRA FUTBOLISTAS, mucho mejor que esos monjes de pacotilla.

-Oiga, sin faltar -protestó uno de los monjes.

-Muy buen título -dijo Felipe.

-¿Todos contentos entonces? -preguntó Carine, como si fuera la gran salvadora.

-Non! -exclamó Ferreti-. Non Contento! E la Machera d´Oro??? Dòve stai?  

-Es que ha desaparecido la Máscara de Oro -explicó mi madre-, y el pobre tiene un sofocón que no veas. ¿No la habréis cogido para el rodaje por casualidad?

-Uy, ni idea -respondió Coyote-. A mí solo me interesa el alma de las personas auténticas, fuera todas las máscaras… ¡Qué gran serie voy a hacer! Lo nunca visto: extraterrestres contra niños futbolistas… ¡qué mezcla, qué fusión!

Ferreti volvió a sollozar.

-Qué hombre más sentido -dijo mi madre-. Por cierto, mi teoría del secuestro-robo por los suelos.

-¡Al lío, no hay tiempo que perder! -exclamó Coyote-. Todos en marcha: a jugar al fútbol… ¡y a rodar la mejor serie de televisión de todos los tiempos! ¡Va a ser todo muy auténtico!

El capitán Diavolo miró con su único ojo a Coyote como si la estuviera examinando.

Y ayudó a Ferreti a incorporarse, que seguía deshecho y llorando.

-Un poco di dignitá, caro amico -le dijo.

Miré a Helena, que estaba radiante. Unos y otros la felicitaban por su iniciativa. Luccien se hizo un selfie con ella.

-Me alegra mucho que no te hayan secuestrado -le dije.

-A mí también me alegra -respondió ella.

-Y a mí -dijo Mic, que se plantó a mi lado de repente.

Antes de que pudiera reaccionar, allí delante de todos…

¡Mic me plantó un beso en los labios!

EL DESTINO DE LOS FUTBOLÍSIMOS ESTÁ EN TUS MANOS. ¿QUÉ QUIERES QUE OCURRA EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO?

El partido entre Soto Alto y el París Saint Germain… ¡se tiene que resolver a los penaltis!