Descubre la nueva aventura de Los Futbolísimos:
"El misterio de la máscara de oro"
Todos los viernes un nuevo capítulo de la mano de Kimitec y la Fundación Maavi, ¡solo en as.com!

Un tipo vestido de blanco bajó corriendo por un puente de madera.

Dejó a un lado la frondosa vegetación que lo cubría todo. 

Llegó hasta el centro del campo y colocó el balón ante la atenta mirada de todos.

Mostró un silbato y dijo:

-Ahora mismo empezamos el partido. Un momentito, por favor.

Sacó del bolsillo un gorro elástico… y se lo puso en la cabeza.

-¡Es el árbitro del gorro de piscina! -exclamó Camuñas-. ¡Mola! Contra la Juve nos trajo suerte.

-Pero qué dices, si nos cosieron a patadas y no pitaba nada -recordó Marilyn.

-Ya, bueno, eso sí -admitió Camuñas-. Pero es gracioso… con ese gorro.

-Por lo menos no se ha ahogado durante el naufragio -dijo Angustias.

Allí estábamos los dos equipos, en el campo de fútbol del hotel.

A un lado, el París Saint Germain.

Y al otro, el Soto Alto.

Durante el naufragio se habían perdido las equipaciones, así que íbamos vestidos con la ropa deportiva que nos habían prestado en el hotel.

El PSG de azul.

Y nosotros… de rosa.

-Me encanta el rosa -aseguró Tomeo-. Además, en Benidorm ya ganamos un torneo vestidos de rosa.

Teníamos una pinta muy rara.

No por el color.

Sino porque en lugar de pantalones de deporte, llevábamos bañadores.

Y las camisetas no eran iguales. Simplemente tenían en común el rosa.

-Es lo mejor que hemos podido conseguir -explicó Roberta Ambrossi-. ¡Lo importante es que el espíritu de Il Bambinísimo está presente!

-Para ser un campeonato de Europa, lo veo un poco irregular -dijo Esteban, sentado en la pequeña grada.

-Los críos están monísimos -rebatió mi madre, a su lado-. A ver si machacamos a los gabachos… pero con deportividad, eh.

El día estaba nublado.

Había nubes negras en el cielo.

Amenazaba tormenta sobre la Isla Roja.

Carine Rodrigues, su hijo Dino y los demás equipos se encontraban entre el público. Allí también estaba Luccien. 

Y por supuesto Mic, que desde que me había dado el beso me sonreía todo el rato y en cuanto la miraba me saludaba con la mano. 

-¿No saludas a tu novia? -me preguntó Helena.

-Que no es mi novia, ni sé por qué me ha dado un beso, ni nada de nada -respondí.

-Pues ella creo que no opina lo mismo -insistió Helena.

Mic me puso carita y me lanzó un beso en la distancia.

Quería morirme de vergüenza.

-Dejaos de tonterías y centraos en el partido -dijo Toni, muy serio-. El Bayern nos espera en la final.

Ya se había disputado la primera semifinal.

Bayern de Munich 4; Manchester City 0.

Con goles de los Torpedos Fischer: Angelika y Alfons seguían imparables.

Ahora, todos esperaban expectantes nuestro partido.

Los únicos a los que no vi por allí fue a Massimo Ferreti y al capitán Diavolo. Desde que había desaparecido la Máscara de Oro, ellos también se habían esfumado. 

Felipe, Alicia, Ocho y Anita nos observaron desde el banquillo.

-¡Soto Alto, arriba ese ánimo! -gritó Alicia.

No habíamos tenido tiempo de preparar el partido ni de estudiar al rival.

Solo sabíamos que eran los campeones de Francia y un equipo muy ofensivo y…

-¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! 

El árbitro hizo sonar el silbato y el partido dio comienzo.

Sacaron de centro.

Triangularon a la perfección. Un pase. Dos. Tres. Cuatro…

Antes de que nos diéramos cuenta, ya estaban en la frontal del área.

Los extremos bloquearon a nuestros defensas. Su delantero centro se quedó solo, estaba a punto de rematar y entonces…  

-¡Corten! ¡Corten!

Coyote Rodríguez saltó al terreno de juego moviendo los brazos y gritó:

-¡Hay que repetir! ¡Si no me avisáis de que vais a atacar tan rápido, esto no funciona! ¡Tenía las cámaras apuntando al centro del campo!

-Oiga, perdone, pero esto es un partido de fútbol -intervino el árbitro-. No puede interrumpir cuando le apetezca.

-Claro que puedo -contestó ella-. Soy la directora. 

La miramos desconcertados.

-Hala, a sacar de centro otra vez -ordenó Coyote, cogiendo el balón.

-No, no, de ninguna manera -dijo el árbitro-. Hay que hacer un bote neutral para reanudar el partido.

-La balle pour nous! -protestó el delantero del París Saint Germain.

-Dice que balón tenían ellos -tradujo Luccien.

-¡Si se corta una jugada, bote neutral! -exclamó Felipe desde el banquillo-. ¡Lo pone en el reglamento!

Unos y otros empezaron a discutir.

-A ver, señora Rodríguez -dijo Roberta Ambrossi, intentando apaciguar los ánimos-. El acuerdo es que podría rodar algunos planos, pero sin interrumpir.

-Yo no interrumpo -aseguró Coyote-. Solo pido que me avisen de lo que van a hacer para colocar las cámaras y buscar el mejor plano.

-Es que el fútbol se basa precisamente en que el rival no sabe lo que va a hacer el otro equipo -intentó explicarle Roberta.

-Tonterías -replicó Coyote-. No soy una experta, pero el fútbol siempre es igual: un equipo coge el balón y todos saben que va a intentar meter gol en la otra portería.  ¿Sí o no?

-Bueno, sí, pero… -respondió Roberta.

-Pues ya está, solo tienen que avisarme -dijo Coyote-. No es para tanto. Así salimos todos ganando: ustedes juegan su partido, y yo ruedo mis planos.

Nadie sabía muy bien cómo tomarse aquello.

-Pues ahora le aviso de que vamos a hacer un bote neutral aquí mismo -dijo el árbitro-. Justo donde se ha cortado la jugada.

-Ah, muy bien, sin problemas -dijo Coyote-. Mira qué fácil. Mientras me avisen, todo perfecto. ¡Cámaras aquí, preparados para el bote neutral! ¡Venga, que no tenemos todo el día! 

Era tremenda, tenía que salirse con la suya como fuera.

Esperamos a que colocasen las cámaras y después continuó el partido.

Fue completamente imposible jugar.

Cada dos por tres, Coyote Rodríguez interrumpía el juego.

Que si el ángulo de la cámara no era el apropiado.

Que si mejor disparar el balón hacia el otro lado. 

Que si quería que repitiésemos una patada que le había encantado.

Que si necesitaba un primer plano del portero.

Poco a poco, hasta el árbitro desistió de discutir con ella. 

Coyote no razonaba.

Corría de un lado a otro.

Gritaba.

Cortaba.

Aplaudía…

Era como un volcán en erupción.

Y así llegamos al descanso.

Empate a cero.

Con la sensación de que no habíamos jugado un partido.

El entrenador del París Saint Germain protestó.

Y nuestra entrenadora también.

-Así no se puede -dijo Alicia, desesperada-. Además, en los partidos de la televisión, no cortan porque una cámara no haya captado una jugada, no tiene sentido.

-Eso es porque son partidos de fútbol de verdad -dijo Coyote, quitándole importancia-. Esto es arte, esto es un rodaje, ¡esto es auténtico!

-¿En qué quedamos? -preguntó Alicia-. ¿Es de verdad… o es auténtico?

-¡En un rodaje, lo auténtico está por encima de la verdad! -dijo Coyote, como si estuviera poseída-. ¡Lo auténtico es… vida! ¡Lo auténtico es… verdad y mentira al mismo tiempo! ¡Yo solo ruedo cosas auténticas!

-Y digo yo, ¿no podríamos buscar una solución intermedia? -propuso Felipe-. Por ejemplo, primero jugamos el partido sin cortes, y luego cuando acabemos, repetimos todas las jugadas que sean necesarias para el rodaje.

-¡No, no y mil veces no! -gritó Coyote-. ¡Se perdería la espontaneidad! ¡Se perdería la esencia! ¡Se perdería… lo auténtico!

-Será muy auténtico, pero así es imposible jugar al fútbol -dijo Alicia.

-Cuando veáis los planos en la serie, os van a encantar, es todo sublime, artístico, auténtico -dijo Coyote, y se marchó con su equipo a comprobar algo de las luces.

El ayudante de dirección aprovechó el descanso del partido para cortar el rodaje.

-¡Quince minutos para bocadillo! -exclamó.

Por lo visto, en un rodaje cada minuto cuenta. Todo está milimetrado: tanto tiempo para iluminar, tanto para montar el decorado, tanto para poner la cámara, tanto para comerse un bocadillo…

-Perdona, Carine, pero esto es una locura -dijo Roberta-. No sé a qué acuerdo habrás llegado con la serie de televisión, pero los entrenadores tienen razón: así no es posible jugar al fútbol.

-Claro que se puede -rebatió Carine, que no quería saber nada del tema-. El mundo entero ya conoce nuestra proeza: reanudar el torneo después de un naufragio. Es una oportunidad histórica, nos van a llover los contratos y los patrocinadores. Hay que jugar como sea. Además, mira los alemanes, cuatro goles han metido. 

-Pero eso ha sido una excepción y… -intentó seguir Roberta.

-Da gracias de que esté aquí para salvar este campeonato -la cortó Carine.

Roberta agachó la cabeza, sin fuerzas para seguir discutiendo.

-Soy ultra fan de la saga de la Isla Roja -dijo Helena-. Pero si llego a saber que el partido sería así, no hubiera propuesto que jugáramos.

-Por lo menos, no nos han metido ningún gol -dijo Camuñas.

-Yo me he golpeado la cabeza varias veces con el aparato ese -se lamentó Angustias.

-Es la pértiga para captar el sonido -explicó mi madre, acercándose-. No sé si os he contado que yo hice mis pinitos como actriz en varios cortometrajes de la Universidad. Está mal que yo lo diga, pero era bastante buena…

-Que ya, mamá -dije-. Desde ayer lo has repetido como doscientas veces.

-Francisco, a mí no me interrumpas -dijo ella-. Ah, y no creáis que nos hemos olvidado del tema del apagón de Venecia… ¡Mira, me están entrando ganas de castigaros sin jugar la segunda parte del partido y sin rodaje y sin nada!

-No, por favor -le pidió Marilyn-. Queremos luchar por llegar a la gran final.

-Nos encanta que nos cuente cosas súper interesantes de los rodajes, señora Juana -dijo Camuñas, haciéndole la pelota.

-Sí, se lo suplico, cuéntenos más -intervino Anita-. Díganos: ¿qué tipo de personajes hacía usted en la Universidad?

-Uy, de todo -contestó mi madre, encantada-. Era una actriz muy versátil. Terror, comedia, romance… Una todoterreno era yo…

Mis compañeros me fulminaron con la mirada, por mi culpa casi nos quedamos sin partido.

Mientras mi madre seguía contando batallitas, yo me alejé discretamente a coger una botella de agua.

-Il rosa… te queda genial -dijo Mic, que apareció detrás del banquillo.

-Ah… gracias -dije retrocediendo.

-No pongas quella faccia… esa cara -dijo ella, sonriendo-. Devo dirti una cosa… tengo que contarte una cosa.

-¿Tiene que ser ahora? -pregunté.

Mic asintió. 

-Entre fidanzati non secretos -dijo, bajando la voz.

-¿Fidanzati? -dije, sin comprender.

-Fidanzati… novios -respondió-. Tú y yo.

Casi me caigo de espaldas.

¿Novios de qué? ¿Desde cuándo? ¿¡Por qué!? 

Bajó la voz y aseguró:

-Io sé quién robado la Maschera d´Oro.

-¿¡Qué!?

-Shhhhhhhhhhhhhhhhhhh -me dijo, mandándome callar.

Estaba perplejo.

-Pero… pero… ¿es que tú sabes todo siempre? -le pregunté.

-Sí -contestó, y se encogió de hombros-. Ladrones di Maschera d´Oro son… i tuo compagni di Soto Alto. ¡Los tuyos compañeros de Soto Alto robare la Máscara!

Ahora sí que se había pasado.

Primero, el intento de chantaje para que nos dejáramos ganar.

Después, el beso y que éramos novios.

Y de remate, que mis amigos eran los ladrones de la Máscara.

No podía tener razón.

¿O sí?

El árbitro nos llamó a los dos equipos para continuar el partido.

-¡Treinta segundos! -exclamó el colegiado.

-Io non miento nunca -dijo Mic-. Ellos robare… robar Maschera y no cuentan a ti…

-¡Jugadores al campo, ya! -dijo el árbitro.

Mic me sonrió y se alejó a la grada.

Por un breve instante, pensé que tal vez podía tener razón.

Quizá, mientras yo dormía, Toni y Camuñas habían hecho una incursión nocturna.

Igual que en Venecia.

Allí habían intentado robar un luminoso gigantesco.

Puede que aquí les hubiera dado por robar la Máscara de Oro, eran muy capaces.

Y no me lo habían contado porque sabían que yo no lo aprobaría. 

Según ellos, yo era un aguafiestas.

-¿Tu novia ha venido a desearte suerte? -me preguntó Helena, pasando a mi lado.

-No, no… yo no… o sea… no es mi novia… -repetí una vez más.

-¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

El partido arrancó de nuevo.

El segundo tiempo fue aún peor.

Coyote decidió meter las cámaras dentro del terreno de juego para rodar planos más espectaculares.

-¿Entiendes el concepto, Alicia? -le preguntó a nuestra entrenadora-. En un partido de verdad, las cámaras siempre están fuera del campo. Pero aquí… las cámaras van a estar dentro. ¿Por qué?

-¿Porque esto es auténtico? -dijo Alicia.

-¡Exacto! -dijo Coyote-. ¡Planos auténticos, fútbol auténtico, vida auténtica! 

Todos, incluyendo al árbitro, tuvimos que amoldarnos al rodaje.

Ahora no solo cortaban cada jugada mil veces. 

Además, tropezábamos con las cámaras y los técnicos.

-¡Bravo! ¡Así se hace! ¡Vais a ser grandes estrellas de la televisión! -gritaba Coyote, metiéndose en medio-. ¡Gracias a vuestro talento! ¡Y gracias a mí, por supuesto! ¡Por algo soy la mejor directora del mundo! 

No sé cómo lo habrían hecho los del Bayern, pero aquello era imposible.

-¡Y ahora llega el momento culminante! -bramó Coyote-. ¡Los extraterrestres!

-¡Eso sí que no! ¡Esto es demasiado! -gritó el árbitro-. ¿Ahora va a llenar el campo de actores disfrazados de extraterrestres?

-Claro, por algo la serie se llama FUTBOLISTAS CONTRA EXTRATERRESTRES -contestó Coyote, como si fuera lo más lógico del mundo.

Antes de que pudiéramos reaccionar, una docena de grandes muñecos con tres pies y ocho ojos invadieron el terreno de juego.

Jamás en la historia se había disputado un partido de fútbol tan disparatado. 

Corríamos intentando huir de los extraterrestres, que nos perseguían emitiendo unos sonidos rarísimos.

De vez en cuando, golpeaban el balón.

En la grada, la gente aplaudía, gritaba enfervorecida, como si aquello fuera una atracción de feria.

Aunque era una locura total, no se suspendió el partido.

Roberta no se atrevía.

Y estaba claro que Carine quería que jugásemos a toda costa. Pensaba más en los intereses comerciales que en el fútbol.

-¡Habría sido mejor con extraterrestres de ocho pies, pero esto también es fantástico! -gritó Coyote-. Bueno, bueno, bueno, y ese niño me encanta… ha nacido para actuar… está tan aterrorizado, es tan auténtico… ¿Cómo te llamas, pequeño?

-Angustias -respondió nuestro compañero, con el rostro desencajado, escondido detrás de la portería-. Voy a tener pesadillas con los extraterrestres.

-¡Esa es la actitud! -dijo Coyote, felicitándole.

Cuando quedaban cinco minutos para terminar, empezó a llover.

Pensé que tal vez tendrían que guardar las cámaras para que no se mojaran, y podríamos acabar el partido en paz.

Pero ocurrió justo lo contrario: cubrieron los equipos del rodaje con unos plásticos y Coyote exclamó entusiasmada:

-¡Traed las máquinas de humo! ¡Futbolistas contra extraterrestres! ¡Lucha a muerte entre la niebla y la lluvia! ¡Va a ser épico!

Enseguida llenaron el campo de un humo muy denso.

Los últimos minutos fueron un correcalles sin ver nada.

Bajo la lluvia.

Entre el humo.

Perseguidos por unos extraterrestres de más de dos metros, chocando unos contra otros.

Hasta que Coyote pego un grito:

-¡¡¡Corten!!! ¡¡¡Buena, ha sido buenísima!!!

Y el árbitro pitó el final del partido.

Resultado:

Soto Alto 0; París Saint Germain 0.

Los entrenadores, el árbitro, Carine y Roberta Ambrossi se reunieron en el centro del campo.

Parece ser que el reglamento de Il Bambinísimo no contemplaba la prórroga.

Si un partido llegaba con empate al final del tiempo reglamentario…

¡Se decidía a los penaltis!

Después de un encuentro sin oportunidades y sin fútbol, el finalista del campeonato de Europa se iba a resolver a los penaltis.

-Que yo recuerde, es el primer partido oficial en el que llegamos a la tanda de penaltis -dijo Anita-. Ya he chupado suficiente banquillo, ahora me toca ponerme de portera.

-Perdona, pero soy el titular -replicó Camuñas, viendo peligrar su puesto.

-Eso lo decidirán los entrenadores -dijo Marilyn-. Igual que los lanzadores.

Levanté la mano.

No podía aguantar más.

Tenía que decirles todo lo que sabía.

-Perdonad, ya sé que estamos muy cansados y también muy nerviosos con los penaltis y encima está lloviendo y sé que no es el momento… -dije-. Pero tengo que deciros algo muy importante.

Mis compañeros me observaron atentamente.

Quería preguntárselo a la cara:

¿Habéis robado la Máscara de Oro?

¿Sin decirme nada?

-Di lo que sea de una vez -me pidió Toni.

Estaba a punto de soltarlo, pero los miré a la cara y no me atreví, a lo mejor no era tan buena idea.

Si la habían robado, no lo admitirían.

Dirían que estaba loco.

Y si no la habían robado, se enfadarían conmigo.

Se crearía una situación muy desagradable justo antes de la tanda de penaltis.

Definitivamente, no era el momento.

-¿Qué es eso tan importante? -preguntó Helena, impaciente.

Pfffffffffffffffffffff.

Levanté la mirada al cielo: la lluvia iba en aumento, nos estábamos empapando.

Tenía que decir algo.

Abrí la boca y solté lo primero que me vino a la cabeza:

-Mic… o sea… Mic y yo… somos novios.

EL DESTINO DE LOS FUTBOLÍSIMOS ESTÁ EN TUS MANOS. ¿QUÉ QUIERES QUE OCURRA EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO?

Pakete encuentra una pista definitiva sobre el robo de la Máscara de Oro.