Descubre la nueva aventura de Los Futbolísimos:
"El misterio de la máscara de oro"
Todos los viernes un nuevo capítulo de la mano de Kimitec y la Fundación Maavi, ¡solo en as.com!

La luna se reflejaba en el canal.

Venecia lucía grandiosa a medianoche.

Del puente colgaba un cartel de Il Bambinísimo.

Esta vez no se trataba de un luminoso.

Era un enorme cartel de tela, colocado sobre un soporte fijo.

Dos focos lo iluminaban desde cada orilla.

Me fijé en la imagen de la Máscara de Oro.

El viento la movía, creando un efecto ondulante en la tela.

-No entiendo a qué viene esta reunión -protestó Toni.

-La última vez que estuvimos aquí te pareció una idea estupenda escaparnos del hotel en plena noche -le dijo Helena.

Estábamos los nueve sobre el puente, delante del hotel. Habíamos aterrizado unas horas antes en el aeropuerto de Venecia y todos habíamos acudido a la llamada de Helena con hache.

-Es distinto -replicó Toni-. Mañana tenemos que jugar la final. Y estamos agotados. ¡No pintamos nada aquí!

-Además es mucho más aburrido escaparse si no vamos a robar un luminoso ni nada -dijo Camuñas.

-Eso también -concedió Toni-. Pero vamos, lo importante es que el pacto de los Futbolísimos se inventó para ayudarnos en situaciones de peligro, y ahora no tenemos ningún problema. Hemos regresado a Venecia, somos finalistas y estamos todos a salvo. ¡Vámonos a dormir!

-Por una vez, estoy de acuerdo con Toni -aseguró Marilyn.

-Y luego está esa manía que tenéis de convocar siempre las reuniones a medianoche -intervino Angustias-. Ya es que me canso de decirlo: ¿no sería más sencillo reunirnos a las doce de la mañana, con el solecito?

-Yo estoy muerto de sueño -admitió Ocho.

-A mí cada vez que se convoca una reunión urgente me pongo nervioso y me baja el azúcar -dijo Tomeo-. Me he traído unas rosquillas del hotel, si alguien quiere tengo de sobra.

Tomeo sacó unas rosquillas de su mochila y las mordisqueó.

-Entonces -dijo Camuñas-, ¿nos vamos a dormir o qué?

Helena con hache negó con la cabeza.

-¿No os dais cuenta? -preguntó-. Han robado la Máscara de Oro delante de nuestras narices, tenemos que descubrir quién lo hizo. 

-Disculpa, pero no es asunto nuestro -dijo Anita-. El pacto de los Futbolísimos se creó para ayudarnos los unos a los otros, no para meternos en cosas de mayores.

-Eso es lo que yo he dicho -repitió Toni.

-Claro que tiene que ver con nosotros -recordó Helena-. Nos han acusado de robar la máscara.

-Bueno, pero eso han sido Pakete y su novia Mic -dijo Ocho-. No cuenta.

-Si nos hubiera acusado la policía o un adulto, tendríamos un problema -dijo Toni-, pero Pakete… por favor.

Unos y otros siguieron dando su opinión sobre lo que estaba ocurriendo.

Yo decidí permanecer en silencio.

Después de lo que había pasado, sabía perfectamente que cualquier cosa que dijera sería peor.

Un barco pasó por el canal, bajo el puente.

Se oyeron risas y música.

Dentro del barco había una fiesta de disfraces. Se podía vislumbrar a un grupo de personas disfrazadas bailando y riendo.

Me fijé en una pareja que iba en la popa: un chico no muy alto y una chica morena con el pelo corto. Llevaban puestas unas máscaras blancas y brindaban con unas copas burbujeantes.

Por un instante pensé que tal vez éramos Helena con hache y yo mismo, dentro de unos años.

Sé que es una tontería, pero la idea me gustó.

Me quedé embobado, mirando cómo se alejaban por el canal.

-¡Pakete! ¡Estamos aquí por ti! -exclamó Marilyn-. ¿No vas a decir nada?

-Perdón, me había distraído -respondí-. Yo lo que decidáis me parece bien. Siento haberos acusado, pero Mic insistió, y parecía muy convencida… 

-¿Y lo del capitán Diavolo? -preguntó Anita.

-Eso sí que es cierto -dije-. Le vi con la Máscara de Oro cuando huíamos de la tormenta. Lo prometo.

-Angustias, tú estabas con Pakete -dijo Toni-. ¿Tú también viste la máscara?

-Yo… o sea… llovía mucho… y estaba muy agobiado… -contestó Angustias-. ¡No lo sé! ¡No me presionéis!

-Yo te creo -dijo Helena, mirándome-. Y vosotros también deberíais creerle, ¿sabéis por qué? Porque Pakete es uno de los Futbolísimos y entre nosotros no nos mentimos.

-Bueno, alguna vez sí nos hemos mentido -admitió Ocho-. El mes pasado dije que había pasado al nivel veintinueve en el Race of Kingdom y la verdad es que nunca he superado el veintiocho.

-No me lo puedo creer -protestó Toni-, me pasé varias noches sin dormir intentando llegar al veintinueve por tu culpa. Aunque bien pensado, luego os dije que había llegado al treinta solo para quedar por encima. Era mentira, por supuesto.

-Esas son mentiras inocentes -dijo Helena-. En las cosas importantes, no nos mentimos.

-Si exceptuamos aquella vez que Camuñas y Tomeo robaron la copa en Disneyland París -recordó Marilyn-. Nos tuvieron engañados todo el viaje.

-Y esa otra vez que Anita mangó un examen de matemáticas y nos lo ocultó -dijo Camuñas.

-O cuando Marilyn dijo que no podía quedar con nosotros -señaló Ocho-, y en realidad se había ido a las tirolinas con los de sexto A.

-Qué fuerte, con los de sexto A -dijo Anita. 

-Vale, vale, vale -dijo Helena-. Si exceptuamos los videojuegos, el robo de la copa en París, lo del examen y las tirolinas… ¡entre nosotros nunca nos mentimos! ¡Y mucho menos en algo tan importante!

-Veo tu argumento un poco cogido con alfileres -dijo Anita-, pero de acuerdo. Supongamos que creemos a Pakete. Tal vez no está mintiendo. Solo está equivocado. Llovía muchísimo. Caían rayos. Todo era un caos. Quizá él se piensa que vio la Máscara de Oro, pero era cualquier otra cosa, o un reflejo de la luz.

-Pakete tiene mucha imaginación -dijo Camuñas.

-El pobggre cree que viog adl capitán con la másggcagra y en dealidad zzdolo egra un dreflejo -dijo Tomeo, masticando.

-No habléis de mí como si no estuviera delante -pedí-. Sé que vi al capitán Diavolo huyendo con la Máscara de Oro bajo su casaca, pero no tengo pruebas. Ni tampoco sé dónde la escondió. Ni cómo lo hizo.

-No sabes gran cosa -dijo Toni.

-Y eso no es todo -continué-. Cuando estuvimos en el barco, oí a dos personas hablar de una organización secreta: las Pirañas. Dijeron que el apagón no lo habíamos provocado nosotros. ¡Eso nos atañe a todos!

-Eso sí que lo oí -dijo Angustias-. Olía fatal en ese contenedor.

-Yo también -reconoció Anita-. Pero no vimos de quién se trataba. Y hablaban en italiano, a lo mejor nos confundimos.

-Llegados a este punto, solo podemos hacer una cosa -zanjó Helena.

-¿Irnos a dormir? -preguntó Tomeo.

-¿Tirarnos a bomba al canal? -dijo Camuñas, ajustándose la gorra.

-¿Robar ese cartel que no es tan chulo como el luminoso pero también mola? -preguntó Toni.

-Noooooooooo -respondió Helena-. Lo único que podemos hacer es la especialidad de los Futbolísimos: investigar. Descubrir quién robó la Máscara de Oro.

-Ah, eso -dijo Camuñas.

-Y dale -dijo Anita.

-Yo paso, es muy tarde y mañana tengo que lucirme con el Bayern -dijo Toni.

-Yo estoy muerto de sueño -dijo Tomeo.

-El robo ya lo está investigando la policía -recordó Ocho.

-Además, ocurrió en la Isla Roja, en otro país, aquí no podemos hacer nada -dijo Anita.

Helena se subió a la barandilla del puente, muy épica.

Señaló a todos.

Y dijo:

-Recordad este momento. Aquí. Ahora mismo. Porque si esta noche los Futbolísimos no investigamos este robo, no solo estaremos traicionando a un amigo, lo más grave es que estaremos traicionándonos a nosotros mismos. Nos han acusado de un apagón gravísimo que en realidad no ha sido culpa nuestra. ¡Desenmascaremos a las Pirañas! ¡Investiguemos! ¿Quién se apunta? ¿¡Quién está conmigo!?

De inmediato, pegué un salto sobre la barandilla.

-¡Yo! -exclamé.

-Pues hala, pasadlo bien -dijo Toni, alejándose.

-Ya nos contaréis -dijo Camuñas.

-Buena suerte -dijo Marilyn.

-Si por la mañana seguís investigando, lo mismo me apunto -dijo Angustias.

-Yo no veo el momento de coger la cama -aseguró Ocho.

-Muy chulo el discurso -dijo Anita-, pero lo de la traición te ha quedado un pelín exagerado.

-Ya te digo -murmuró Tomeo, relamiendo los restos de azúcar alrededor de su boca.

Los siete se marcharon y nos dejaron allí plantados.

Helena bajó de la barandilla, decepcionada.

-No te preocupes -dije, acercándome-. Lo has intentado. Y yo te lo agradezco muchísimo.

-No lo he hecho por ti -contestó Helena-. Lo he hecho por los Futbolísimos.

Seguía enfadada conmigo.

-Siempre jugamos al fútbol y solucionamos misterios -dijo-. Y nos ayudamos entre nosotros. Pero esta vez, durante este viaje… parece que cada uno va por su cuenta… tú mismo…

-¿Yo? -pregunté sorprendido.

-Estás más preocupado de Mic que de nosotros -dijo Helena-. Que si ahora es tu novia, que si ahora no. Con todas las cosas que nos han pasado, pensé que este viaje nos iba a unir más que nunca.

-Pues claro -dije-. Yo… o sea… lo de Mic… es que es muy insistente… y yo… estoy muy confundido… pero te propongo una cosa: investiguemos tú y yo.

Helena me miró, desconfiada.

-Venga, podemos hacerlo -dije-. Seguro que luego se apuntan los demás, ya sabes cómo son. 

-No sé, ¿investigar los dos solos? -preguntó Helena.

-Pues claro -dije, sacando mi teléfono-. Lo primero es hacer una lista de sospechosos del robo. Para mí, el sospechoso número uno es el capitán Diavolo.

Apunté su nombre en el móvil.

-Bueno, las Pirañas también son sospechosas -dijo Helena, animándose-. Además, si descubrimos quiénes son, también descubriremos al verdadero autor del apagón y dejarán de culparnos a nosotros.

-Las Pirañas -escribí-. ¿Alguien más?

-He pensado que tal vez… -empezó a decir ella-. No, no, es una tontería.

-Dilo -insistí-. A veces, las ideas más raras son las mejores.

-No sé, es que me cuesta creer que el capitán Diavolo robara la máscara por su cuenta -dijo-. Él no estaba en Venecia cuando el apagón. Su barco llegó después a puerto. Y si lo que oíste de las Pirañas es cierto…

-Te lo prometo -dije.

-Pues entonces debe ser alguien que estuviera aquí desde el principio -aseguró Helena-. Alguien que tenga poder para provocar un apagón tan grande. Alguien que tenga acceso a todo. Alguien que sea la última persona de la que sospecharías…

-¿A quién te refieres? -pregunté, nervioso.

-Ya te he dicho que seguramente sea una tontería -dijo Helena-. Pero todo el tiempo me viene a la cabeza una persona… Carine Rodrigues.

-¿¡La presidenta de la FIFI!? -exclamé, con los ojos tan abiertos que estaban a punto de salirse de mis órbitas.

Helena se encogió de hombros.

-Hay rumores de que la FIFI tiene problemas de financiación -dijo-. Por eso estaba tan empeñada en que el Campeonato siguiera pasara lo que pasara. 

-Eso sí -reconocí-. Y tiene toda la pinta de dirigir una banda secreta que se llame las Pirañas.

-Tiene una motivación: el dinero para una organización en quiebra -siguió ella-. Y tiene el poder y los contactos y el acceso para hacer todo lo que se proponga.   

La idea de Helena empezó a cobrar sentido.

-Imagina que quieres robar una joya de oro valiosísima -dijo-. Lo primero que tienes que conseguir es… que exista esa joya. Es decir: Carine Rodrigues encargó fabricar la Máscara de Oro… ¡para robarla!

-Toma ya -dije-. Eso es buenísimo. Nadie sospecharía de ella.

-Exacto -dijo Helena-. Acuérdate del misterio del robo imposible. Al final, los ladrones eran los policías que guardaban la joya. Pues aquí más retorcido todavía: la persona que ordenó fabricar la máscara, lo hizo desde el primer momento para poder robarla.

-Muy astuta -asentí.

Apunté su nombre en el móvil como sospechosa: Carine Rodrigues.

-Recuerda cuando subimos al barco, el propio Capitán Diavolo reconoció que estaba arruinado y que solo había aceptado llevarnos a bordo por dinero -dijo-. En realidad, trabajaba para Carine todo el tiempo.

-Encaja perfectamente -dije-. Las Pirañas es una organización dirigida por Carine Rodrigues. Ella tramó todo desde el principio. A saber quién más forma parte de la banda. ¡Eres una genia!

-No nos precipitemos -dijo Helena-. Con lo que oísteis desde el contenedor y con lo que viste bajo la tormenta, no es suficiente. Necesitamos pruebas concretas.

-Deberíamos registrar la habitación y el despacho de Carine -propuse-. Se aloja en las instalaciones deportivas de la federación, donde vamos a jugar el partido. Tendremos que colarnos, no sería la primera vez que hacemos algo así.

-Buscaremos indicios, pruebas, pistas, cualquier cosa -dijo Helena-. No vamos a permitir que nos culpen por algo que no hicimos. Y tampoco que las Pirañas se salgan con la suya.

Helena y yo nos miramos.

Los Futbolísimos estábamos en marcha de nuevo.

O al menos, una parte de los Futbolísimos.

Tuve la sensación de que todo lo que había ocurrido durante aquel viaje increíble era para llegar a ese momento.

Los enormes ojos de Helena parecían brillar.

¿Cómo podíamos haber estado enfadados?

Cuando estábamos bien, me sentía capaz de todo.

Podríamos resolver el misterio de la Máscara de Oro.

Acabar con las dichosas Pirañas.

Y hasta ganar al Bayern de Múnich.

-¿Por qué sonríes? -me preguntó.

-No lo sé -dije.

Helena también sonrió.

Sus larguísimas pestañas bajaron y subieron como a cámara lenta.

Y la ciudad entera pareció saludarla.

En ese preciso instante, comenzaron a lanzar fuegos artificiales sobre el cielo de Venecia.

Los dos levantamos la vista.

Eran espectaculares.

Sé que aquellos fuegos de colores eran por el carnaval.

Pero pensé que también eran para celebrar que Helena y yo estábamos allí. 

Juntos.

Dispuestos a todo.

-Ya sé que no hace falta que lo diga y que soy muy pesado -murmuré-. Pero… Mic y yo no somos novios.

-Eres muy pesado, ja, ja, ja, ja -contestó Helena.

Cuando acabaron los fuegos artificiales, nos encaminamos al hotel.

Era muy tarde. Al día siguiente, buscaríamos pruebas. Con suerte, nuestros compañeros se unirían a la investigación.

Entonces, me di cuenta de que no estábamos solos.

En un extremo del puente, una figura nos observaba fijamente desde la penumbra.

En la oscuridad, era imposible distinguir de quién se trataba.

-¿Quién será? -pregunté, temeroso.

-No lo sé -dijo Helena-. Pero no nos quita ojo.

¿Mic? 

¿Luccien?

¿El capitán Diavolo?

¿Carine Rodrigues?

Fuera quien fuera, tal vez había oído todo lo que habíamos hablado.

La figura se movió hacia nosotros.

-¿Echamos a correr en dirección contraria? -pregunté, bajando la voz.

Antes de que Helena pudiera responder, la figura levantó la mano y dijo:

-He venido para ayudaros a investigar.

¿¡Eh!?

¿Estaba soñando?

-He recorrido dos mil kilómetros para veros -dijo-. No pensaréis huir de mí, ¿verdad?

La figura avanzó unos metros y la luz de una farola le iluminó.

Allí estaba.

¡El mejor investigador del mundo!

-¡Papá! -exclamé.

Eché a correr hacia él.

Y me tiré encima.

Me abrazó con todas sus fuerzas.

-Te echaba de menos -dije.

-No pensarías que iba a perderme la final del Campeonato de Europa -dijo él.

EL DESTINO DE LOS FUTBOLÍSIMOS ESTÁ EN TUS MANOS. ¿QUÉ QUIERES QUE OCURRA EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO?

Resulta que Emilio… ¡está de misión secreta en Venecia! Pakete y Helena tienen que ayudarle a esconderse.