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"El misterio de la máscara de oro"
Todos los viernes un nuevo capítulo de la mano de Kimitec y la Fundación Maavi, ¡solo en as.com!

La final solo tenía un color:

El rojo del Bayern de Múnich.

Nos estaban arrasando.

Jugaban mejor.

Corrían más.

Presionaban.

Robaban.

Y por si fuera poco…

¡Metían unos golazos impresionantes desde cualquier posición!

Angélika Fischer se picó con su gemelo y pegó un trallazo imparable desde el pico del área.

¡Golazo de escándalo!

2 a 0.

Dino Rodrigues daba pases, metía asistencias, regateaba, ¡lo hacía todo bien!

Realizó un jugadón increíble:

Salió con el balón controlado desde su área.

Nos fue dejando atrás a todos, absolutamente a todos, incluyendo a Camuñas.

Y entró en la portería con la pelota.

¡Un gol de fantasía!

3 a 0.

Luccien no se quería quedar atrás y alcanzó de cabeza un balón dividido.

Fue un remate perfecto.

¡El balón entró pegado al poste!

4 a 0.

En la segunda parte la cosa no mejoró.

Siguieron bailándonos, haciendo jugadas impresionantes.

Y, por supuesto, Mic también buscó su gol.

Lo intentó varias veces hasta que remató de tacón un pase de Dino.

Le metió el balón a Camuñas entre las piernas.

¡¡¡Golazo de tacón!!!

5 a 0.

Era una pesadilla.

Los cinco cracks del Bayern habían marcado.

Nos estaban pegando una paliza.

Y no metieron más goles por pura chiripa.

Varios disparos salieron fuera por muy poco.

Otros chocaron contra el poste y el larguero.

Fue un auténtico baño.

Y así llegamos a la recta final del partido: solo quedaban diez minutos para terminar.

La gente en la grada hacía la ola para divertirse.

Al pie del campo, los periodistas y los policías también aplaudían el espectáculo.

Alicia y Felipe se habían sentado en el banquillo, abatidos, sin saber qué decir. 

Anita y Ocho estaban cabizbajos.

-Hay que ser positivos -murmuró Esteban-: Hemos llegado a la final del Campeonato de Europa.

-No olvidar lema Soto Alto -recordó Radu-: Querer ganar, saber perder.

-Ya, pero es que esto no es perder -dijo mi madre-, esto es una debacle histórica.

En el palco, Carine, Ferreti y Roberta parecían satisfechos.

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El actual campeón goleaba, se llevaban el título y todos tan contentos.

Todos menos una persona.

El que menos me podía esperar.

Después del quinto gol, mientras los del Bayern hacían sus volteretas de celebración, el árbitro se ajustó el gorro de piscina y se dirigió a nosotros.

-Non proverai a signare un goal? -nos preguntó- ¿No intentar meter ni un gol?

-¿¡Eh!? -exclamó Marilyn, sorprendida.

-Nosotros… o sea… queremos marcar… -dije yo-, pero es muy difícil.

-Cobardi, flojos… soi unos flojos -dijo.

-Oiga, perdone, no puede hablarnos así -intervino Helena-. Usted es el árbitro, no nuestro entrenador.

-Io parlo como dar la gana -replicó-. Nessuno nadie va a expulsar a mí, je, je.

-En eso lleva razón -dijo Toni.

-Io visto a vosotri superare rivales más duros in campionato -continuó el árbitro-.  Io visto a vosotri jugare bajo una tempesta épica. Io visto a vosotri disfrutare de fútbol más que nadie. Y allora, en la finale, ¿paura la prima volta? ¿os asustáis a la primera?

-A la primera no, que tienen cinco súper estrellas mundiales -recordó Angustias.

-No sono una vera squadra, no son verdadero equipo -dijo el árbitro-. È impossibile. Non jugado nunca juntos. Son bene individualmente, ma non si conocen, nos entrenado, ¡no sono una vera squadra!

Nos miramos, pensativos.

-Prova intentad marcar almeno un gol -insistió-: Il gol dell´onore. ¡El gol del honor! 

Hizo sonar su silbato y se marchó al centro del campo.

Nos dejó con la palabra en la boca.

-Quizá el árbitro raro tiene razón -musitó Marilyn-. Hemos salido asustados desde el primer segundo. Y no son un verdadero equipo.

-Estoy de acuerdo -dijo Helena, elevando la voz-: Ellos son los campeones. Tienen el nombre. Y la fama. Y el título. ¡Pero nosotros tenemos algo que jamás podrán tener! 

-¿Hambre? -dijo Tomeo.

-¿Miedo? -apuntó Angustias.

-¿Cinco goles en contra? -preguntó Camuñas.

-Nada de eso -aseguró Helena-. Tenemos… ¡espíritu de equipo! ¡Somos el Soto Alto! Es más… ¡Somos los Futbolísimos!

-¡Mola! -dijo Tomeo, repentinamente entusiasmado.

-¿El qué mola? -le preguntó Marilyn.

-No lo sé -respondió-. Todo. Eso del espíritu de equipo no sé muy bien lo que es, pero también mola.

Toni negó con la cabeza, desesperado.

-A ver, nos están pegando una paliza -dijo-, ¿y ahora nos vamos a venir arriba por cuatro cosas que nos ha dicho un árbitro que lleva un gorro de piscina y que no conocemos de nada?

-Exacto -dijo Tomeo-. ¡Mola!

-Sí que le conocemos -rebatió Camuñas-. Un naufragio une mucho.

El árbitro nos hizo gestos para que sacáramos de centro.

-¿Se puede saber qué esperáis? -preguntó Felipe.

-¡Vamos, chicos, hay que sacar ya! -exclamó Alicia.

Me acerqué al círculo central y puse mi bota sobre el balón.

Antes de sacar, miré a Helena y al resto de mis compañeros.

Y exclamé lo primero que me vino a la cabeza:

-Il gol dell´onore!

No sé por qué lo dije.

Eso del honor me parecía una tontería

Y en el fondo, daba igual perder por 5 a 0 que por 5 a 1.

Pero fue lo que me salió.

Le pasé el balón a Helena y repetí:

-Il gol dell´onore!

Ella sonrió y exclamó:

-¡Il gol dell´onore!

Todo ocurrió muy deprisa.

Subimos al ataque todo el equipo.

Pasándonos el balón unos a otros.

Y exclamando:

-Il gol dell´onore!

Estaban tan sorprendidos, que antes de que pudieran reaccionar, nos plantamos en su área.

Helena remató sin pensarlo.

El portero Klaus despejó el balón.

Toni capturó el rebote y volvió a chutar, fuerte y colocado.

Esta vez fue Olga, la defensa, la que repelió el disparo.

El balón no quería entrar.

Alcancé el rechace, y cuando me disponía a golpear la pelota…

-Il gol dell´onore!!!

Allí apareció el último jugador que podía imaginarme:

Camuñas.

Había abandonado la portería.

Y subía a rematar, dando gritos.

Le pasé el balón hacia el punto de penalti.

Camuñas se tiró al suelo y, aunque el balón venía raso, ¡remató de cabeza!

¡Y sin quitarse la gorra!

¡Era un remate rarísimo, y espectacular, y tan extraño que nadie se lo esperaba!

Klaus no llegó a tiempo y el balón… ¡entró en la portería!

-¡¡¡Gooooooooooooooooooooooooooooool!!!

No se trataba de un jugador famoso ni de un fichaje de relumbrón, ni siquiera se trataba de un jugador de campo.

Solo era el portero de un pequeño equipo de pueblo.

¡¡¡Pero había metido un golazo que nadie olvidaría en mucho tiempo!!!

-¡Camuñas, eres un crack! -gritó mi madre-. ¡Te queremos!

El portero cogió el balón que él mismo había marcado y lo llevó hasta el centro del campo.

5 a 1.

Luccien sacó para Mic.

Ella se la pasó a Dino, que a su vez retrocedió a Angélika.

Camuñas, que aún no había regresado a la portería, gritó otra vez:

-Il gol dell´onore!!!

Todos corrimos a presionar a Angélika, que vio cómo los siete jugadores rivales se abalanzaban sobre ella.

Se giró buscando a su gemelo, pero no le dio tiempo.

Antes de poder pasar el balón, Camuñas se lo arrebató.

Aquello era el mundo al revés.

Camuñas avanzó con el balón hacia su área.

Le seguíamos todos.

La defensa central, Olga, intentó salirle al paso.

Camuñas, que no sabía jugar el balón con los pies, siguió adelante y chocó con ella.

Los dos salieron despedidos.

El árbitro señaló choque involuntario y señaló al balón para que siguiéramos jugando.

Helena con hache atrapó la pelota y ya no la soltó.

Pisó el área.

Klaus fue directo a por ella.

Helena elevó el balón, que pasó por encima del portero… ¡y entró en la portería!

-¡Goooooooooooooooooooooooool! ¡Golazo de sombrero!

5 a 2.

-¡Tomaaaaaaaaaaaaa! -gritó Camuñas-. Il gol dell´onore!

Anita exclamó desde la banda:

-¡El gol del honor solo es el primero!

-¡Porque tú lo digas, empollona! -replicó Camuñas.

-¡Ignorante! -dijo ella, sonriendo.

Ocho y Anita y Felipe y Alicia lo celebraron eufóricos, abrazándose y saltando.

Igual que mi madre y Esteban y Radu.

También el recepcionista del hotel, que seguía por allí atento al partido.

Nadie se esperaba algo así.

A partir de ese momento, el partido cambió completamente.

El entrenador del Bayern hizo varios cambios.

Mandó al banquillo a los nuevos fichajes: Dino, Mic y Luccien.

Aunque eran muy buenos, debió pensar que tenía que darles descanso.

Quizá quería recomponer su equipo base, con el que habían ganado los dos primeros partidos.

Nuestros entrenadores también hicieron cambios.

Alicia y Felipe dieron descanso a Toni y Angustias. En su lugar, entraron Ocho y Anita.

La portera suplente jugaría de lateral, cosa que ya había hecho en otras ocasiones.

Toni no se tomó muy bien su sustitución, pero no había tiempo para egos.

Estábamos lanzados.

En cuanto sacaron, seguimos presionando todos a la vez.

Unidos.

Tapando los huecos como un verdadero equipo.

Ocho, que había saltado al terreno de juego con muchas ganas, robó un balón cruzado y se internó en el área.

-¡Vamos, Ocho de mi vida y de mi corazón, tú puedes! -gritó mi madre.

Olga le empujó intentando quitarle el balón, pero Ocho aguantó y cuando ya estaba a punto de perder el equilibrio… ¡remató in extremis!

Le dio un punterazo tremendo al balón.

La pelota salió disparada, rebotó en el suelo varias veces y ¡pasó por debajo de su portero!

-¡Gooooool! ¡Gooooooooooool! ¡Gooooooooooooooooooool! 

-¡¡¡El tercero!!! -exclamó el propio Ocho, dando brincos de alegría.

-Il gol dell´onore!!! -volvió a gritar Camuñas.

-Y dale -dijo Anita-, el gol del honor solo es el primero.

Eso daba igual ahora.

Habíamos tomado el control del partido cuando nadie lo esperaba. 

Ni siquiera nosotros.

5 a 3.

Y la cosa no acabó ahí.

Ellos se replegaron: seguían con la táctica de aguantar, perder tiempo y dejar pasar los últimos minutos.

El balón salió fuera en un despeje de su defensa.

Anita sacó de banda para Marilyn, la capitana y puede que una de las jugadoras más rápidas de todo el campeonato.

Hicieron una pared al primer toque y, sin dudarlo ni un segundo, Marilyn pegó un chut espectacular desde fuera del área.

Esta vez el balón describió una parábola perfecta, imparable.

¡Y entró por la escuadra!

-¡Otro golaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaazo!

¡Estaba ocurriendo de verdad!

5 a 4.

Era nuestra mayor remontada.

Y puede que la más grande de Il Bambinísimo.

En el palco, Ferreti y la propia Carine se pusieron en pie, aplaudiendo. 

Roberta Ambrossi y la presidenta se miraron, no tenían previsto que el Bayern encajara tantos goles.

No hicimos ninguna celebración, no había tiempo.

El árbitro nos hizo un gesto con la cabeza, como diciendo: bien jugado.

Los jugadores del Bayern sacaron de centro por cuarta vez consecutiva.

El entrenador les gritaba desde la banda.

Quedaba muy poco para terminar.

Parecían agobiados, estaban deseando que aquel suplicio terminara.

Pero todavía iban a ocurrir muchas más cosas.

La remontada había comenzado con un grito, así que lo repetí, aunque no viniera a cuento:

-Il gol dell´onore!

-Il gol dell´onore!!! -gritamos todos, incluida Anita, que había desistido de dar explicaciones.

 Salí corriendo a por Alfons, que tenía el balón. Al verme llegar, se lo trató de quitar de encima de un fuerte chut.

¡PATAPLOF!

La pelota me impactó en la cara. 

Caí al suelo del golpetazo.

-¡Ay, mi niño! -exclamó mi madre-. ¡Vamos, levanta que no ha sido para tanto!

El balón llegó rebotado a Helena con hache, que levantó la vista e hizo una de sus grandes especialidades: un pase medido, perfecto, de rosca, al corazón del área.

Allí llegaron varios defensas del Bayern y también Marilyn, Tomeo y hasta Ocho para intentar rematar.

Pero entre unos y otros, surgió la jugadora más alta del encuentro.

Justo cuando el portero Klaus iba a despejar de puños, Anita pegó un salto tremendo y remató de cabeza.

El balón voló y voló y voló y voló… ¡¡¡hasta el fondo de la red!!!

Un grito recorrió el Nuovo Venezia Platinum:

-¡¡¡Goooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool!!!

-¡Braaaaaaaaaaava! ¡Bravíiiiiiiiiiiiiiiiiiisima! -exclamó Felipe, levantando los brazos.

-¡¡¡Milaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagro!!! -gritó mi madre, abrazando a Esteban.

-¡¡¡Cravaaaaaaaaaaaaaaaaata!!! -gritó Radu en rumano, feliz, riendo y aplaudiendo.

¡Anita había marcado el gol del empate!

Bayern de Múnich 5; Soto Alto 5.

¡Aquello era un sueño!

Esta vez sí nos abrazamos, hicimos una piña.

Nunca pensamos que conseguiríamos algo así.

Y aún quedaba un minuto para el final del partido.

Teníamos que aprovechar que estaban en shock y meter el gol definitivo antes de la prórroga.

Podíamos lograrlo.

-Solo faltamos tú y yo por marcar en el campeonato -me dijo Tomeo.

-Bueno, yo marqué durante la tanda de penaltis -le recordé.

-Ya, pero sabes que eso no cuenta -dijo Tomeo-. Goles de verdad han marcado todos menos tú y yo. Incluso Camuñas y Anita han metido.

-Da igual, lo importante es el equipo -dije.

-Ya, ya -dijo él-, pero no estaría mal meter un golito en la final.

El árbitro pitó para que se reanudara el partido.

Nos lanzamos a presionar una vez más.

Muy concentrados.

Corrí con todas mis fuerzas.

Presioné a Angélika…

¡Y robé el balón!

Iba solo, directo hacia su portería.

-¡Vamos, cariño! ¡Eres el mejor, Francisco! ¡Que no se diga! -me animó mi madre.

Tenía que marcar.

Podía hacerlo.

Pero en ese preciso instante…

¡Alguien saltó al campo!

Un espectador.

Un espontáneo.

Tal vez uno de esos que saltan en mitad de los partidos para llamar la atención.

Hacía gestos con los brazos.

Al verle, el árbitro detuvo el juego.

Dos policías se tiraron sobre el espontáneo y lo interceptaron. 

Entonces le reconocí.

-¡¡¡Papá!!! -grité, atónito-. ¿¡Se puede saber qué haces!? ¡¡¡Iba solo con el balón hacia su portería, me has cortado la jugada!!!

Los dos agentes retenían a mi padre.

-Oiga, no soy un espontáneo -protestó él-. Soy Emilio García, detective privado. ¡La presidenta Carine Rodrigues me ha contratado! ¡Tengo que decir algo muy importante y urgente!

Por un momento, se hizo el silencio en el campo.

Mi padre era el centro de todas las miradas.

Carraspeó y dijo muy solemne:

-¡Ya sé quién ha robado la Máscara de Oro! ¡Hay que detenerle antes de que sea demasiado tarde!

Inmediatamente, alguien más entró en el campo de fútbol.

El Capitán Diavolo. 

Con su parche y su eterno gesto de mal humor, arrugó la nariz y exclamó:

-¡Patrañas!

EL DESTINO DE LOS FUTBOLÍSIMOS ESTÁ EN TUS MANOS. ¿QUÉ QUIERES QUE OCURRA EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO?

En el último segundo de partido, ¡Tomeo marca el primer gol oficial de su vida!