Descubre la nueva aventura de Los Futbolísimos:
"El misterio de la máscara de oro"
Todos los viernes un nuevo capítulo de la mano de Kimitec y la Fundación Maavi, ¡solo en as.com!

El Nuovo Venezia Platinum estaba en plena ebullición.

El agua de los dos canales que rodeaban el campo brillaba bajo el sol.

La gente se encontraba de pie en las gradas y el partido detenido.

Los policías soltaron a mi padre.

-¡Sé quién ha robado la máscara! -repitió él, muy seguro.

En el palco, Carine Rodrigues preguntó:

-¿Quién es el ladrón? ¿El Capitán Diavolo? 

-Sí -contestó mi padre.

Un rumor de asombro recorrió el estadio.

-Y no -añadió mi padre.

Otro rumor, aún más grande, envolvió el lugar.

-Desde ser detective, Emilio hombre misterioso -murmuró Radu.

-Explícate, Emilio, que nos tienes en ascuas -le pidió mi madre-. Y no te hagas el interesante: estamos empate a cinco y queda menos de un minuto para terminar el partido.

-¿Non podrían resolver questo in otro momenti? -preguntó el árbitro, señalando el cronómetro.

-Tenemos que resolverlo aquí y ahora -respondió mi padre-. Soy Emilio García, detective privado con licencia para investigar, y estoy a punto de solucionar el primer caso de mi vida: el robo de la famosa Máscara de Oro.

-¿El primer caso? -preguntó Carine-. Eso no me lo dijiste cuando te contraté.

-No me lo preguntaste -dijo mi padre.

-Pero ¿por qué contrataste a este novato? -dijo Roberta, mirando a la presidenta-. ¿No había ningún detective mejor y más cerca?

-A ver, para empezar, yo no sabía que era un novato -se explicó Carine-. Y para continuar, llegué a él rastreando al Soto Alto Fútbol Club en internet. Era el único detective que había en su pueblo. Quería alguien que los conociera y pudiera investigarlos. Para mí eran los principales sospechosos del robo.

-¿¡Qué!? -exclamó Alicia-. ¿Sospechaba de nosotros?

-Sobre todo de los niños, la verdad -admitió Carine-. Ellos provocaron el apagón de Venecia, son capaces de todo. Y tengo un testigo que los vio en plena noche por el pasillo del hotel donde se produjo el robo.

-¿Qué testigo? -preguntó Felipe, desafiante.

Mic dio un paso al frente.

-Io! -exclamó-. He visto a Camuñas y a Toni deambular per il hotel la notte del robo.

Por eso me había dicho Mic que la Máscara la habían robado mis amigos.

-Nosotros no robamos la Máscara -aseguró Toni, indignado.

-Ni tampoco deambulamos de noche por el pasillo del hotel -se defendió Camuñas-. Bueno, eso sí lo hicimos, pero que yo sepa no es ningún delito.

-Entonces, ¿solo me contrató porque me encontró en la guía del pueblo? -preguntó mi padre, decepcionado-. Creía que había sido por mi foto y mi web, son muy chulas, mi trabajo me ha costado.

-Creo que nos estamos desviando del tema -recordó mi madre-. Esto, Emilio… ¿¡quién ha robado la Máscara!?

-Ya voy, ya voy, primero hay que aclarar algunas cuestiones -dijo mi padre, y miró a Carine-. Toni y Camuñas no robaron la Máscara. Lo intentaron, pero cuando llegaron a la habitación de Ferreti, la caja fuerte estaba vacía.

-¿Intentasteis robar la Máscara? -preguntó Anita

-No, no, no, no -dijo Camuñas-. O sea, sí.

-Lo intentamos, pero llegamos tarde -añadió Toni.

-¿Por qué queríais hacer una cosa así? -dijo Esteban, escandalizado.

-Por lo mismo que intentamos robar el luminoso del canal -dijo Camuñas, como si estuviera clarísimo-: Para divertirnos.

El director del colegio nos miró avergonzado.

-Los demás no sabíamos nada -dijo Marilyn-. Como capitana del equipo, quiero expresar mi repulsa por esta acción.

-Y yo, como eterno suplente, quiero expresar mi enfado -dijo Ocho-: ¿¡por qué no nos avisasteis al resto!?

-No nos dio tiempo -dijo Camuñas.

-Eso y que era una misión para valientes -aseguró Toni.

-Era una misión para ladrones de pacotilla -soltó Helena, muy enfadada.

-Yo no habría ido ni loco -murmuró Angustias-. Para valientes, dice.

-Pues yo sí habría ido -dijo Tomeo-, yo siempre voy donde va la mayoría.

-Perdona, Tomeo, pero para una misión como esta siempre serás un estorbo, compréndelo -dijo Toni-. No podíamos avisarte.

Antes de que siguieran, levanté la mano.

-Tengo que decir una cosa importante -aseguré-. En el barco, oímos una conversación a escondidas de una banda que se llama Las Pirañas. Ellos provocaron el apagón en Venecia. Y tenían el plan de robar la Máscara. Lo siento, pero debo contarlo: ¡Creo que Mic es la jefa de Las Pirañas!

-Qué fuerte -suspiró Ocho-, soplona y ladrona.

-Io non sono soy una ladrona -protestó Mic.

-¡Te oímos en la cubierta del barco! -dijo Anita-. Yo también estaba dentro del contenedor de basura.

-Y yo también -admitió Angustias.

-¿Os escondisteis en un contenedor de basura? -dijo Alicia.

-Fue sin querer -contesté-. El caso es que la oímos. Mic está implicada en el apagón y en el robo. Es la jefa de Las Pirañas. Anita, Angustias y yo somos testigos, podemos declarar.

-Aquí salen testigos como champiñones -dijo mi padre, arqueando las cejas.

Al sentirse acusada, Mic negó con la cabeza.

-¡Io non sono jefa de ninguna banda! -exclamó-. ¡Las Pirañas non existen! ¡Io inventé!

-¿¡Qué!? -pregunté, atónito.

-Io enteré che habíais robado un luminoso della canal y vosotros provocar il apagón -respondió Mic-. Inventé che había una banda segreta: Il Piranha.

-¿Te lo inventaste todo? -dije, intentando comprender.

-Io sabía che vosotros estabai dentro il container -explicó Mic-. Puse las voces de il Piraña, ¡fue cosa fácile!

-Pues lo hiciste muy bien -dijo Angustias-. Yo me lo tragué completamente. Aunque es cierto que en el contenedor olía a podrido y era difícil pensar con claridad.

-Quería che tu estuviera asustado! -aseguró Mic, mirándome-. Quería che tu hiciera tutto lo che Io dijera! Quería che tu fuera il mio ragazzo, il mio novio!

-Yo te lo agradezco, pero no… o sea que a mí no… -dije, agobiado, mirando de reojo a Helena-. Vamos… que yo no soy mucho de novias…

-Qué fuerte, inventarte una cosa así -dijo Anita, encarándose con Mic-. ¿Y cómo te habías enterado de lo del luminoso y el apagón? Solo lo sabíamos nosotros.

Mic señaló a… Toni.

-¿¡Se lo contaste tú!? -le preguntó Anita a Toni.

-Vale, vale, yo se lo dije a Mic -reconoció Toni-. Solo quería hacerme el interesante con ella.

-¿Para qué querías hacerte el interesante? -preguntó Marilyn, sin comprender-. Es una rival y casi no la conocemos de nada.

-Pues porque sí -dijo Toni.

-¿Te gusta Mic? -preguntó Helena con hache.

-¡Eso es cosa mía! -dijo él-. ¡De acuerdo, está bien: no soportaba que le hiciera más caso a Pakete que a mí! Si fuera a Luccien lo entendería, pero a Pakete… ¡Es un cero a la izquierda! ¡Soy el goleador del equipo y, aunque esté mal que yo lo diga, soy mucho más guapo!

-Más guapo sí que es Toni, las cosas como son -aseguró Angustias.

Toni había delatado al equipo.

Y le gustaba Mic.

Y estaba celoso.

¡De mí!

No sabía si enfadarme o echarme a reír.

-Menudo culebrón -dijo Felipe.

-Qué calladito te lo tenías -dijo Anita, dándole un golpe en el hombro a Toni.

-Fenomenal todo -dijo mi madre-, pero te lo voy a preguntar por última vez, Emilio: ¿¡quién demonios robó la Máscara de Oro!?

-Exacto -dijo Carine-. He pagado mucho dinero. Si lo sabes, suéltalo ya.

-Claro que lo sé -dijo mi padre, orgulloso-. Descartados los niños y eliminada también la banda imaginaria de Las Pirañas. En mi investigación me centré en el principal sospechoso: el Capitán Diavolo.

-Grrrrrrrrrr -gruñó el Capitán, colocándose bien el parche.

-Mi hijo Francisco le vio durante la tormenta con la Máscara -continuó mi padre-. Y no fueron imaginaciones suyas, fue algo real. El Capitán Diavolo tenía la Máscara de Oro en esos momentos. Pero él no la había robado.

-¿Ah, no? -preguntó Carine.

-Pues no -dijo mi padre-. En realidad, solo la estaba guardando para el verdadero ladrón, que es… o sea el auténtico autor del robo es…

-¡Ferreti! -exclamé.

Todos me observaron extrañados.

-Perdón, me ha salido sin pensar -dije-. Es que Ferreti es el mejor amigo del Capitán Diavolo. Y en el aeropuerto, cuando registraron al Capitán, recuerdo que él llevaba una mochila y no le registraron. Y para colmo, es el que guardaba la Máscara en su propia habitación, ¡lo tenía más fácil que nadie!

-Eres un crack, cariño -dijo mi padre-. Como se nota que eres mi hijo. Así es: ¡Ferreti robó la Máscara que él mismo había fabricado! 

En medio del palco, Massimo Ferreti se puso en pie, resoplando. Parecía a punto de explotar debajo de su túnica.

-Scusa, lo siento, caro amico -dijo el Capitán Diavolo-. Io confessato tutto.

-Va bene, io robare la Maschera d´Oro! -exclamó Ferreti-. È mía! Io la hice con mis propias manos! E ora quieren dársela a un grupo di bambini, a un puñado de niñatos!

-¡Policía! ¡Detengan a este hombre ahora mismo! -ordenó Carine Rodrigues.

Los agentes entraron en el palco a por Ferreti.

-Hay que ver con el Barbas, parecía un mosquito muerto -dijo mi madre-. Y resulta que es el ladrón… y el amante de la presidenta. ¡Sorpresas te da la vida!

-Io non robare per il dinero! -clamó Ferreti-. Io robare per amore… al arte! La Maschera d´Oro e mía!

-Qué perra le ha dado -murmuró Alicia.

Los policías le apresaron de inmediato.

-Capitán Diavolo cómplice -recordó Radu-. ¿Él no detener?

-¡Todos a la cárcel! -aseguró Carine.

Dos policías detuvieron también al Capitán Diavolo.

-Enhorabuena, señor Emilio García -dijo Carine-. Ha descubierto a los culpables. Felicitaciones.

-No lo habría conseguido sin mi hijo, que también es un gran detective -dijo mi padre, mirándome-. Por cierto, nunca pensé que vosotros fuerais los ladrones… bueno, un poco sí lo pensé, pero luego el capitán confesó y ya lo vi claro, je, je.

-Una pregunta importante -dijo Roberta-. ¿Alguien sabe dónde está la Máscara? Es que la final de Il Bambinísimo va a quedar un poco deslucida sin el trofeo.

Todas las miradas se posaron en Ferreti.

Él se dio por vencido y entregó a los agentes la mochila que llevaba consigo.

-Perdonare, amore mío -dijo Ferreti, poniéndole morritos a Carine.

-Demasiado tarde, me dejaste tirada -replicó ella, dolida-. Muchas promesas de amor y luego si te he visto no me acuerdo.

Uno de los policías abrió la mochila del escultor y… ¡allí estaba!

Refulgiendo bajo el sol:

¡La Máscara de Oro!

De manera espontánea, todos aplaudimos: ¡Por fin estaba de vuelta la Máscara!

¡Ferreti la había tenido consigo en todo momento!

Una lancha a motor de la policía llegó por el canal hasta el campo. Habían venido para llevarse detenidos a Ferreti y al Capitán.

-Estoy muy orgullosa de ti, Emilio -dijo mi madre-. Pero no me vuelvas a ocultar nunca una misión secreta, me encanta estar en el ajo.

-Prometido, Juana -dijo él, dándole un beso-. Ay, esto de las misiones secretas me pone. Está claro que tengo madera de investigador: No hay caso que se me resista.

-No venir arriba tampoco -le dijo Radu-, ser tu primer caso, Emilio.

El árbitro hizo sonar el silbato y exclamó:

-¡Según mi cronómetro quedan cincuenta segundos para terminar el encuentro! ¿¡Jugamos de una vez!?

Nos preparamos para reanudar la final.

A Ferreti y al Capitán Diavolo se los llevaron en la lancha por el canal.

Los jugadores nos colocamos sobre el terreno de juego.

-Árbitro, el balón lo llevaba yo cuando se interrumpió el partido -recordé.

-Bote neutral -aseguró él-. El reglamento es muy claro.

-Pues vaya -repliqué.

El entrenador del Bayern aprovechó para hacer unos cambios y poner de nuevo a su equipo titular:

Klaus, Olga, Dino, Mic, Luccien, Alfons y Angélika.

Alicia y Felipe también hicieron un cambio estratégico, Toni entró por Anita.

Había que intentar marcar un gol como fuera para evitar la prórroga.

-Pasadme todos los balones a mí -dijo Toni-. Soy el máximo goleador del equipo.

-Pakete y yo somos los únicos que no hemos marcado -recordó Tomeo-. A lo mejor podíais pasarnos también a nosotros…

-No digas tonterías -rebatió Toni, tan chulito como siempre-. Tú quédate atrás en defensa y no estorbes. Sería más fácil ver un cerdo volando antes que tú marcaras un gol.

Tomeo negó con la cabeza, enfadado por aquellas palabras.

Estuve a punto de responderle algo a Toni, pero no había tiempo:

El árbitro levantó el balón con la mano.

El bote lo íbamos a disputar Mic y yo.

Nos miramos fijamente.

-Te inventaste todo lo de Las Pirañas -le dije a Mic-. Me engañaste.

Ella se encogió de hombros y sonrió, sin más.

¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

El balón cayó al suelo… 

Mic metió la pierna a toda velocidad y lo controló.

¡Era muy rápida!

Le pasó la pelota a Luccien, que a su vez se la dio al primer toque a Dino.

Dino se giró sobre sí mismo y dejó atrás a Toni, regateándole.

Ya estábamos.

Volvían a hacer su juego rápido, deslumbrante, imparable.

Pero entonces, alguien del Soto Alto pegó un grito:

-¡Presión en todo el campo! ¡A por ellos!

Era… ¡Tomeo!

Subió a presionar a Dino.

-¡Eso es, bien dicho! -exclamó Helena-. ¡Presión! ¡Presión! ¡Presión!

Antes de que pudiera reaccionar, Dino ya tenía encima a Tomeo y Helena.

Los demás nos repartimos, cubriendo de cerca a todos los jugadores del Bayern.

-¡Cuidado, que Angélika está sola! -advirtió Alicia desde el banquillo.

Dino pegó un pase al hueco hacia la delantera.

No había nadie cubriéndola.

La Torpedo Fischer corrió hacia el balón.

Si lo controlaba, sería el fin.

Angélika se dio la vuelta para recibir la pelota.

Pero por encima de ella, surgió… Camuñas.

Había salido del área.

Despejó el balón de cabeza con todas sus fuerzas.

-¡¡¡Oleeeeeeeeeeee, Camuñitas!!! -gritó mi madre.

La pelota quedó dividida en el centro del campo.

Marilyn llegó la primera de dos zancadas.

Le pegó un zapatazo con todas sus fuerzas.

El balón voló hacia su área.

Apenas quedaba tiempo.

Corrimos hacia allí.

Toni iba lanzado, apartando a todos, quería meter el gol definitivo y ser el héroe de la final.

Olga, la defensa central del Bayern, despejó de cabeza.

Pero Toni pegó un salto y el balón se estrelló en su espalda.

La pelota rebotada cayó a los pies de Helena con hache.

Sin levantar la vista, regateó a Mic y a Luccien y los dejó sentados en el suelo.

¡Helena era buenísima, la mejor del equipo y puede que de todo el campeonato!

Se giró hacia la derecha, donde entraban Marilyn y Ocho a rematar, y cuando nadie se lo esperaba… ¡dio un pase a la izquierda sin mirar!

El balón me llegó a mí. 

Entré en el área con la pelota controlada.

Estaba solo delante del portero, tenía que chutar, el árbitro pitaría el final del partido en cualquier momento.

Klaus movió sus brazos y corrió hacia mí como un poseso.

-¡Bergweeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerk! -gritó en alemán.

Yo tenía varias opciones:

Podía chutar raso o podía intentar un disparo alto o podía hacer una parábola cruzada o también podía… ¡dar un pase!

-¡Tuya, Tomeo! -exclamé.

Le di el balón a Tomeo, que llegaba al trote, resoplando, sin nadie que le cubriese.

Al ver el balón y la responsabilidad, le entraron los nervios, empezó a ponerse rojo.

-Nunca he marcado un gol oficial -murmuró, asustado.

Había sido un jugadón de todo el equipo.

Tras mi pase, la portería estaba vacía, sin portero, sin nadie que la defendiese. Tomeo solo tenía que empujarla. Era una oportunidad clarísima.

A duras penas, Tomeo remató… ¡con la espinilla!

¡Había golpeado fatal el balón, peor imposible!

La pelota salió dando botes.

Todos los presentes nos quedamos en silencio, observando la trayectoria de la pelota, que pegaba saltitos.

No podía ser.

Después de todo… ¡iba a salir fuera!

El balón volvió a botar.

Otra vez.

Y otra vez más. 

Y por último… 

CLONCK.

Chocó contra el poste.

Y…

Y…

¡¡¡Entró en la portería!!!

¡¡¡Síííííííííííííííí!!!

Tomeo alzó los brazos en señal de victoria.

Un grito desgarrador salió del campo y cruzó el cielo de Venecia:

-¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!!

Final del partido:

Bayern de Múnich 5; Soto Alto 6.

Sin pensarlo ni un segundo, todos fuimos a por Tomeo para celebrarlo.

-¡Bravoooooooooooooooo! -exclamó Helena.

-¡¡¡Hemos ganado la Máscara de Oro!!! -bramó Marilyn.

-¡Campeones de Europa! -gritó Anita.

Tomeo salió corriendo y gritando como loco:

-¡¡¡Mi primer goooooooooooooooooool, toma, toma y toma!!!

Estaba feliz, fuera de sí.

-¡Tomeo goleadoooooooor! -dijo Anita.

-¡Manteo! -gritó Ocho.

-¡Deja de correr tanto, por favor! -pidió Angustias.

Pero Tomeo siguió corriendo y corriendo sin parar, entusiasmado.

Perseguido por todos nosotros.

Y por Alicia y Felipe y Radu y Esteban y mis padres, que también saltaron al campo.

Tomeo llegó al borde del campo y sin detenerse…

¡Se lanzó al canal!

-¡¡¡Bombaaaaaaaaaaaaa!!! -gritó.

¡¡¡PLAAAAAAAAAAAAASH!!!

Nosotros llegamos un segundo después y nos detuvimos en la orilla, observándole perplejos.

Tomeo señaló a Toni desde el agua y gritó:

-¡Mira ahí arriba, increíble: un cerdo volando!

Toni levantó la vista en un acto reflejo y sin pensarlo… le empujamos al agua.

¡Todos reímos!

Era un momento único.

Inolvidable.

Lo repetimos para que no se nos olvidara:

-¡¡¡Campeones de Europa!!!

Aunque no tenía ninguna lógica… ¡todos nos lanzamos al canal!

-¡No podéis bañaros ahí, está prohibido! -gritó Carine desde el campo.

-¡Salid ahora mismo! -ordenó Roberta.

Estábamos tan contentos, que ni siquiera las oímos.

Los nueve jugadores del Soto Alto F.C. chapoteamos dentro del canal.

Radu llegó corriendo y también se tiró como si fuera un niño más.

-¡Campiones, oé oé oé! -gritó el bedel dentro del agua.

Entre risas y abrazos y ahogadillas, cantamos: 

-¡Aquí está el Soto Alto,

invencibles como el cobalto!

Y lo mejor estaba por llegar.

Alicia le pegó un empujón a Felipe, que estaba desprevenido, y cayó al canal.

Mi padre empujó a Alicia, luego se resbaló y él también acabó en el agua.

-¡Que no se diga, Esteban! -dijo mi madre, agarrando de la mano al director.

Ambos se lanzaron al canal.

Y detrás de ellos, mucha más gente: Espectadores, los operarios, los jugadores del Bayern, el recepcionista del hotel, Betzabel y los jugadores del equipo MAAVi…

Habían sido unos días de infarto y todo el mundo tenía ganas de celebración.

Por supuesto, el árbitro también se tiró.

Pegó un salto, hizo una palomita acrobática en el aire y cayó al agua.

Asomó la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja y exclamó:

-Sempre i bueno llevare un gorro di piscina, per si acaso, ja, ja, ja!

EL DESTINO DE LOS FUTBOLÍSIMOS ESTÁ EN TUS MANOS. ¿QUÉ QUIERES QUE OCURRA EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO?

Emilio se convierte en un detective famoso tras resolver el robo.